Principios de igualdad. Artículo de opinión

No es algo del pasado, es nuestro presente. El machismo nos acompaña en cada paso que damos, es la sombra que nos sigue inevitablemente, sobre todo y, contradictoriamente, cuando cae la noche. No es solo la chica que ves cada día asesinada en las noticias. Podría ser tu madre, tu hermana, tu hija o simplemente esa amiga a la que ves poco, pero aprecias mucho. Escucharás repetidas veces comentarios que afirman la culpabilidad de la mujer en las situaciones de abuso sexual, no es así. Una mujer está en el derecho de beber, bailar o salir por la noche sin tener que cubrirse las espaldas. Un hombre, sin embargo, no tiene ningún derecho ni autoridad como para tocar a una chica sin su previo consentimiento. 

Hoy día, se protege más al violador que a su víctima: si la chica se opone y defiende, se le resta gravedad al delito porque supuestamente no se trata de una víctima en una situación vulnerable. No obstante, si es drogada y no tiene la fuerza para resistirse, en los tribunales se dirá que ella estaba por la labor. Las autoridades parecen oponerse a las víctimas, las leyes están cada vez más anticuadas y las mujeres más cansadas. No debería juzgarse un delito según la reacción de la víctima, sino en función de los actos del violador.

Tras esto, siempre se escuchan comentarios que aseguran que no todas las víctimas son mujeres, es cierto. No todas las víctimas son mujeres, pero sí el 95% de ellas. 



La violencia de género no es un juego, ni algo ajeno a nuestras vidas. El respeto a las mujeres debe ser parte de nuestra educación. No podemos permitir que a las niñas se las eduque en el miedo y cuidado extremo, mientras que a los niños no se les enseñe el respeto adecuado. “Enseñen a sus hijos a no violar y no a sus hijas a protegerse”.

La violencia de género se da en todos los ámbitos y desde hace demasiado tiempo. Por supuesto, ha ido evolucionando de diferentes formas, pero este virus no será tan fácil de parar con una simple vacuna.

Ojalá fuera solo eso. El machismo es la base de todos los problemas que nos envuelven. Del patriarcado, los abusos, las violaciones, la brecha salarial... Mientras el hombre ocupe el papel principal en la sociedad, nada cambiará. No se trata de escribir una ley que al final no será respetada. Se trata de inculcar los valores de la igualdad desde los primeros años de educación. Consiste en que los niños y niñas vean a sus padres lavando la ropa y a sus madres dirigiendo una empresa. Está claro que la intención no es intercambiar los papeles, sino compartirlos.

El otro día yo misma vi cómo un hombre se burlaba de otro por hacer la colada y dejar a su mujer un tiempo de descanso. Ridículo.

Tampoco consiste en imponer una ley de paridad. En principio esta es buena idea, pero a su vez, limita los puestos ya sea para hombres o para mujeres. No buscamos tener los mismos puestos de trabajo, sino las mismas oportunidades para conseguirlos. No queremos que se nos reserven el 50% de las plazas, solo tener acceso a ellas si las merecemos. No queremos que se nos regale nada, simplemente que no nos lo roben. Las mujeres queremos igualdad, no superioridad. Queremos el mismo sueldo por el mismo trabajo, una baja de paternidad idéntica a la de maternidad, que no se nos mire por encima del hombro como si fuéramos seres inferiores. Queremos ser iguales.


Nayara García y Elsa Chavarrías. 4º A


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